El niño sin patria

Publicado en 23 Junio 2015

Una mujer extranjera había llevado a un niño pequeño, sin patria, al hospital. Allí yacía sobre los blancos almohadones y contemplaba con brillantes ojos el árbol de Navidad. Sobre la colcha de su camita había toda clase de regalos, que le pertenecían. Él no los veía, sin embargo. No veía más que el ángel de cera que pendía de una rama del abeto. Sus plateadas alas temblaban bajo el resplandor de las velas, y cantaba una canción maravillosa.
No cantaba, sin embargo, más que para el pequeño y pálido muchacho. Los otros niños de la sala no le oían. Charlaban alegremente y reían y desenvolvían sus regalos.
De vez en cuando se acercaba una enfermera a la camita del asombrado muchacho.
- ¿Eres feliz? - preguntábale.
El pequeño no oía nada. No se dio cuenta tampoco de que apagaron el árbol y lo pusieron a un lado, pues el angelito había volado junto a él al borde del lecho. A su alrededor reinaba una maravillosa claridad. Todo lo demás estaba en la más profunda oscuridad.
- ¡Ven! - dijo el ángel.
El pálido muchacho se incorporó.
- Quiero llevarte junto a tu padre y tu madre - prosiguió el ángel.
- ¡No, no! - suspiró temeroso el niño y se hizo atrás -. Allí hay guerra.
- ¡Oh, no! Allí no hay guerra, ni temor, ni peligro. Allí sólo hay paz.
Entonces el niño tendió la mano al ángel, y voló con él por la sala del hospital, donde dormían ya todos los niños. Después voló hacia las estrellas y pasó por el dorado portal del cielo. Allí el niño sin patria encontró a sus padres, y, cuando los vio tan felices, lloró de alegría.
La madre recogió las lágrimas del niño y las dejó caer hacia las estrellas. Allí formaron una larga cadena, de brillo maravilloso. Esta cadena formaba propiamente una palabra: ¡Piedad!
Estaba escrita en las estrellas, pero fueron muy pocos los hombres que miraron hacia arriba y leyeron lo escrito.
Entonces se acercó volando suavemente el niño Jesús. Soltó la cadena de las letras y descendió con las lágrimas del niño sin patria hacia la tierra. Las sembró como semillas, y, donde caían, allí resplandecía un corazón de devoto amor, de ferviente cariño.
Todos los ángeles le miraban desde el cielo. Sombría noche cubría en todas partes la tierra, pero los luminosos corazones brillaban en ella cual estrellas. Los ángeles hablaron, con gran consuelo:
- Dentro de mil veces mil años resplandecerán de amor todos los corazones.

Escrito por olga

Etiquetado en #Cuentos Populares Del Mundo

Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post